Durante el mes de agosto de 1821 entraron en el puerto de Mahón numerosos buques con tripulantes infectados de tifus que pasaron directamente a las instalaciones del Lazareto. Según avanzaba el mes crecía el número de enfermos en cuarentena así como el número de muertos por dicha enfermedad que no habían podido ser curados. La mortandad no cesaba, el miedo se extendía, y el trabajo de expurgos se hacían con lentitud por falta de personal.

El Lazareto de Mahón no estaba preparado para un caso con tantos afectados, no tenía suficientes sábanas, mantas ni instrumental médico para los enfermos. La gravedad de la epidemia hizo que fuera casi imposible encontrar enfermeros que quisieran trabajar en la isla, por lo que se vieron obligados a recurrir al Comandante de la Fortaleza de Isabel II (La Mola) pidiéndole presidiarios para trabajar como enfermeros. Se logró reclutar así a doce enfermeros y dos sepultureros.

La situación fue tan dramática que los enfermeros no tenían asistencia facultativa ya que el médico del Lazareto se negó a acercarse a los infectados. Éste fue multado y obligado a comenzar su trabajo y a encerrarse en las enfermerías de apestados. Al verse sin escapatoria fingió encontrarse enfermo lo que obligó a que el médico consultor del comité organizativo desempeñara el cargo de médico de la isla (los enfermeros llevaban ya más de un mes sin asistencia facultativa).

El párroco cae enfermo y tampoco se encuentra sacerdote que quiera prestar servicio a los enfermos. Tras una larga búsqueda finalmente un reverendo del Convento de Jesús (Mahón) entra a prestar servicio en la isla justo el mismo día que fallece el párroco anterior a causa de la enfermedad.

muros lazareto de mahon pandemias

Cada día aumentaba el número de barcos con enfermos así como el número de fallecidos. Como los fondeadores de Cala Teulera y de la Isleta eran insuficientes se decidió usar Cala Llonga. Los edificios del Lazareto estaban a su máximo de capacidad y hubo que habilitar el Hospital Militar de la Isla del Rey para que los pasajeros completaran allí el período de observación. Los enfermos del Hospital Militar fueron trasladados al Convento del Carmen.

En este momento de caos ocurrió uno de los acontecimientos que cambiarían la organización interna del Lazareto. Un buque procedente de Larache (Marruecos) con peste levantina fue fondeado en la patente sucia para su cura. Con el paso de los días enfermaron de fiebre amarilla. Se sabía que en Larache no había fiebre amarilla y el buque no había hecho escala alguna, por lo que el contagio se había producido en la isla.

A consecuencia de este suceso la legislación del Lazareto fue modificada. La patente sucia, con su fondeadero de Cala Teulera, se reservó para los buques de esa patente que hubieran tenido accidente sanitario en el viaje. El departamento de patente sospechosa se destinó para los barcos con patente sucia sin accidente sanitario durante la travesía. Así, quedó destinada la Isleta par la patente sospechosa.

Del el 13 de agosto al 24 de octubre fueron desinfectados 43 buques con 486 tripulantes. Un total de 196 fueron afectados por la fiebre amarilla, de los que 122 fallecieron. Entre los fallecidos se encontraban el Alcaide del Lazareto, el Capellán, y 5 trabajadores.

Previous post

Deterioro y reformas: 1909

Next post

Fiebre amarilla: 1821 y 1876