En 1821 y en 1876 el Lazareto de Mahón sufrió unas fortísimas epidemias de fiebre amarilla, una afección que se llevó la vida de una ingente cantidad de cuarentenarios y trabajadores. Una epidemia contra la que se luchó de forma equivocada ya que aún no se conocían los medios de propagación. Años antes de que se descubriera el verdadero mecanismo propagador de la fiebre amarilla, en España se había observado que en el Lazareto de Vigo jamás había habido ni uno solo caso de contagio por esta causa mientras que en el Lazareto de Mahón las epidemias fueron fortísimas.

Con el paso de los años se descubrió que el vehículo transmisor de la fiebre amarilla era el stegomya calo pus,  un mosquito que no existía en la zona de Vigo pero que estaba muy frecuente en la zona de Mahón y que hacía que la propagación de esta epidemia fuera muy rápida. Los expertos del momento resaltaron que la mayor presencia de este mosquito en Menorca era entre los meses de mayo a diciembre, época en la que este insecto era encontrado en las habitaciones del Lazareto así como en el resto de la zona.

Además de las epidemias de fiebre amarilla en 1821 y 1876 el Lazareto de Mahón albergó más casos de menor importancia. Una vez descubierto el modo de propagación se vio que la forma de tratarlo fue inadecuada y que las instalaciones disponibles también lo eran. De nada servían muros infinitos si el responsable de su transmisión era un mosquito al que esas alturas no suponían ninguna barrera.

Mientras que en el Lazareto de Mahón estas epidemias fueron de las más fuertes sufridas, en el Lazareto de Vigo ningún residente sufrió de fiebre amarilla y cuando se les ponía en cuarentena por dicha causa dejaban incluso que se quedaran sus familiares con ellos porque, aunque no sabían la causa, tenían claro que allí no se propagaba.

 

Previous post

Pandemia de tifus: 1821

Next post

Entrada en servicio: 1817